El nombre de esta célebre Virgen con el Niño sentada proviene de la inscripción en lengua de oïl (lengua del Norte de Francia) que se encuentra en su base: Nostre Dame de Grasse. De cada lado de la inscripción grabada en relieve, se puede apreciar un blasón y emblemas labrados.

Nostre Dame de Grasse, detalle del zócalo, tras restauración.
Foto : Daniel Martin
Nostre Dame de Grasse presenta la iconografía tradicional de la Virgen con el Niño: la madre es representada muy joven, tal como se describe en los Evangelios, y en una actitud dinámica, ni cuajada, ni frontal, mirando en una dirección opuesta a la del Niño.
Varias interpretaciones han sido contempladas para explicar esta divergencia de las miradas. Quizás la Virgen aparta su mirada pues presiente el destino de su Hijo. También puede ser que la obra haya pertenecido a un mayor grupo de figuras, situadas a ambos lados, una Adoración de los Magos o una pareja de donantes por ejemplo.

Nostre Dame de Grasse, detalle, tras restauración.
Foto : Daniel Martin
Nostre Dame de Grasse, detalle,
tras restauración.
Foto : restaurateurs
La joven madre también es una reina: está sentada en un trono y lleva una ligera corona con perlas. Lleva un vestido forrado cuyo cuerpo ajustado está ribeteado en su escote por un galón sembrado de perlas; también lleva un amplio abrigo cuyo forro de petigrís aparece con estrías verticales. El libro, que Maria sujeta debajo de su brazo derecho, está cubierto por una suntuosa tela de seda.
Sus manos con sus dedos largos y finos atestiguan de la gran calidad de la escultura. Su rostro fino está rodeado de un cabello ondulado que baja más allá de la camisa. Sus ojos están un poco separados, con párpados marcados y arcadas superciliares muy altas.
El Niño está vestido de una túnica de cuello montante que descubre su pierna y deja aparecer su pie desnudo. Sus proporciones y sus formas ligeramente bien redonditas son muy fieles a la naturaleza, y sus rasgos, de una fineza excepcional.